En una cama del Hospital El Tunal, en el sur de Bogotá, murió Elí Mejía Mendoza, más conocido como alias Martín Sombra. Su nombre estuvo ligado durante años a uno de los capítulos más oscuros del conflicto armado colombiano: el secuestro.
Conocido como el “carcelero” de las extintas Farc, Martín Sombra fue recordado por haber sido el encargado de vigilar a personas privadas de la libertad en condiciones inhumanas, entre ellas la excandidata presidencial Ingrid Betancourt y su fórmula vicepresidencial Clara Rojas, secuestradas en 2002 y mantenidas en la selva por años.
Aunque se acogió a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016, su camino en la justicia no fue recto. En 2020 fue capturado nuevamente, esta vez por presuntamente participar en un secuestro extorsivo, incumpliendo los compromisos adquiridos con el Estado al quedar en libertad bajo los beneficios del sistema transicional.
Su participación en la guerra dejó una huella imborrable. No solo por su rol en el cautiverio de figuras públicas, sino también por su presunta implicación en el reclutamiento forzado de menores y por declaraciones ante la JEP que generaron fuertes cuestionamientos por parte de las víctimas.
En 2023, causó polémica al señalar que la masacre de Mapiripán –atribuida históricamente a paramilitares con apoyo de sectores del Ejército– había sido una operación guerrillera. También exculpó a un general retirado señalado en investigaciones judiciales. Estos testimonios fueron vistos por las víctimas como un intento de tergiversar la verdad.
Imagen tomada de: Semana.com













