La novena de los Caimanes de Barranquilla ha dado un golpe de autoridad sobre la mesa en la Serie de las Américas 2026, transformando el diamante en el escenario de una exhibición unilateral de poder. En su más reciente salida, el representante colombiano no tuvo piedad frente al combinado de Curazao (WildCats), propinándole una paliza histórica de 12 carreras por 0. Lo que se anticipaba como un duelo caribeño reñido, terminó convirtiéndose en un monólogo deportivo donde la escuadra ‘sauria’ desmanteló pieza por pieza la estrategia rival, ratificando su estatus de favorito y enviando un mensaje contundente al resto de competidores del certamen.
Desde la caja de bateo, la ofensiva barranquillera funcionó como una maquinaria perfectamente aceitada, desatando una tormenta de inatrapables que la defensa curazoleña jamás pudo contener. El madero de los colombianos tronó desde los episodios iniciales, capitalizando cada error y cada lanzamiento noble de los lanzadores isleños para inflar la pizarra. No se trató de una victoria construida con sufrimiento, sino de un festival de anotaciones donde la rotación de bases fue constante, demostrando la profundidad de un ‘lineup’ que combina bateo de contacto con poder ocasional para «fabricar» carreras a placer.
En la otra cara de la moneda, el trabajo desde el montículo fue una obra de arte de control y serenidad. El cuerpo de lanzadores de Caimanes maniató por completo a la artillería de Curazao, colgando nueve ceros consecutivos que frustraron cualquier intento de rebelión. La blanqueada no fue producto del azar; fue el resultado de una localización de pitcheos magistral que mantuvo a los bateadores rivales fuera de balance toda la noche, negándoles siquiera la posibilidad de pisar la tercera base con peligro real y preservando la inmaculada ventaja que sus compañeros construían al ataque.
Este resultado abultado tiene repercusiones directas y positivas en la aritmética del torneo. Con este triunfo, la tropa dirigida por el piloto colombiano se atornilla en la segunda casilla de la tabla de posiciones, separándose del pelotón de perseguidores y asegurando virtualmente su presencia en las instancias definitorias. La victoria por nocaut no solo suma en la columna de ganados, sino que eleva el diferencial de carreras, un ítem de desempate crucial en este tipo de formatos cortos, dejando a Caimanes en una posición privilegiada para negociar su pase a la gran final.
Para el equipo de Curazao, la jornada fue una pesadilla de la que no pudieron despertar. La escuadra antillana se vio superada en todas las facetas del juego, mostrando grietas defensivas y una anemia ofensiva preocupante. El 12-0 es un castigo severo que obliga a los WildCats a replantear su estrategia de inmediato si pretenden mantenerse con vida en la competición, pues la imagen dejada ante los colombianos fue la de un equipo desconectado y vulnerable ante el pitcheo de calidad y el corrido de bases agresivo.
Finalmente, el horizonte inmediato para Caimanes es ambicioso: el liderato absoluto. Con la moral por las nubes tras esta demostración de superioridad, el equipo barranquillero afila sus garras para la jornada de este lunes, donde buscarán asaltar la cima de la clasificación. Ya no se trata solo de clasificar, sino de terminar la ronda regular como el macho alfa del torneo; el equipo ha dejado claro que tiene los argumentos beisbolísticos para no conformarse con ser segundo y que su objetivo es regresar a Barranquilla con el trofeo de campeones de América en las maletas.













