Obras de ampliación del corredor universitario entran en su etapa final de construcción

El ambicioso proyecto vial que busca redefinir la conectividad en el área metropolitana de Barranquilla vislumbra, por fin, la luz al final del túnel. La Gobernación del Atlántico ha confirmado que los trabajos correspondientes al paso a desnivel de la Gran Vía han ingresado en su etapa de culminación. Tras meses de ardua labor e imprevistos en el cronograma, la administración ha trazado una línea de meta inamovible: el próximo 15 de julio de 2026. Esta fecha se erige como el día en que la maquinaria pesada se retirará para dar paso a un flujo vehicular fluido, marcando el cierre de la denominada Unidad Funcional 2 y entregando una arteria vital para el desarrollo del departamento.

Desde la orilla institucional, el compromiso con la finalización del proyecto fue ratificado a pie de obra. El gobernador Eduardo Verano lideró recientemente una exhaustiva inspección técnica, constatando metro a metro el progreso de la infraestructura. Durante su recorrido, el mandatario no solo validó el músculo financiero que blinda esta última etapa, sino que aprovechó la tribuna para ofrecer disculpas públicas. Verano reconoció abiertamente que una intervención urbana de semejante magnitud ha trastocado profundamente la tranquilidad y la rutina de los vecinos, pero enfatizó que los dividendos a largo plazo compensarán con creces las actuales molestias logísticas.

Al analizar el proyecto desde la óptica de la ingeniería civil, los retos superados explican la dilatación de los tiempos de entrega. Las cuadrillas de obreros tuvieron que enfrentarse a una compleja reingeniería subterránea que incluyó la reubicación milimétrica de redes matrices de acueducto y energía. Sumado a esto, las excavaciones del deprimido chocaron con formaciones rocosas imprevistas que exigieron labores de demolición especializada. Hoy, el panorama técnico es alentador: la fundición de placas de concreto en sectores aledaños avanza a paso firme y se ultiman los empalmes para garantizar que el sistema de doble nivel y la glorieta superior operen con absoluta perfección estructural.

Para el tejido social y comercial del corredor, este anuncio representa un bálsamo tras una prolongada temporada de sacrificios. Los residentes de complejos habitacionales, la comunidad estudiantil y, sobre todo, los comerciantes de plazas aledañas han sido los verdaderos damnificados del caos vial, reportando incluso caídas críticas en sus ingresos. La noticia de la entrada en la fase de remate ha transformado el ambiente de escepticismo en uno de prudente esperanza. Los voceros de la comunidad, aunque vigilantes del cumplimiento de la palabra oficial, reconocen que la fisonomía de la zona ya empieza a revelar la promesa de modernización que se les hizo desde el inicio de las intervenciones.

En términos de movilidad y ordenamiento territorial, la habilitación de este paso subterráneo promete ser un punto de inflexión para el tránsito intermunicipal. Históricamente, este segmento de la antigua vía a Puerto Colombia ha funcionado como un cuello de botella que asfixia el desplazamiento en horas pico. Con la apertura del deprimido, los conductores contarán con carriles expresos soterrados que agilizarán el tráfico directo, mientras que la superficie quedará despejada para el flujo local y el acceso a los establecimientos circundantes. Esta segregación inteligente del transporte es la apuesta maestra para erradicar los eternos trancones y devolverle la eficiencia a este tramo educativo y residencial.

Finalmente, la perspectiva económica proyecta un renacer vibrante para toda esta franja costera a partir del segundo semestre del año. Cuando se corte la cinta inaugural en julio, la Gran Vía dejará de ser sinónimo de desvíos y nubes de polvo para consolidarse como un bulevar de alta competitividad. Se espera que la finalización de estas obras integrales dispare la valorización inmobiliaria, reactive el consumo en los locales que resistieron el embate logístico y potencie el atractivo de Puerto Colombia. El éxito de esta recta final será la prueba de fuego para demostrar que la región tiene la capacidad de ejecutar infraestructuras complejas que impulsan el progreso hacia el futuro.

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