¡Ni una más! Juanita Gomez compartió carta como victima de acoso sexual en Caracol

El escrutinio sobre las dinámicas laborales en los medios de comunicación colombianos ha alcanzado un punto crítico tras la reciente ola de testimonios sobre abusos en las salas de redacción. En las últimas horas, la reconocida periodista Juanita Gómez decidió alzar su voz para sumarse a las crecientes denuncias públicas, sacando a la luz un repudiable episodio de acoso sexual del que fue víctima en el año 2015 por parte de un compañero. Esta valiente revelación se produce en un momento de altísima tensión en la industria, justo después de que Caracol Televisión confirmara el inicio de indagaciones formales contra destacadas figuras de su equipo informativo.

A través de sus plataformas digitales, la comunicadora detalló los pormenores de la agresión que sufrió hace casi una década, ilustrando la extrema vulnerabilidad a la que se enfrentan las mujeres en sus espacios de trabajo. De acuerdo con su relato, el individuo implicado se aprovechó de un espacio cerrado, intentando besarla a la fuerza dentro de un ascensor en las instalaciones del canal. Este testimonio no solo expone la gravedad de la conducta del agresor, sino que evidencia la estrategia de quienes utilizan su posición de influencia para intimidar y acorralar a sus colegas a puerta cerrada.

El pronunciamiento de Gómez emerge en un contexto institucional sin precedentes, impulsado por la decisión de la cadena televisiva de activar de manera estricta sus rutas de atención y protocolos internos. La apertura de investigaciones oficiales por parte de las directivas hacia reconocidos miembros de su redacción funcionó como un catalizador indiscutible. Este accionar corporativo brindó el respaldo necesario para que trabajadoras del gremio, que durante años callaron por temor a represalias, comenzaran a exponer el hostigamiento sistemático que han padecido en los pasillos de las productoras.

Al profundizar en su denuncia, la periodista puso el foco sobre un problema estructural y endémico de la industria periodística: la peligrosa complicidad del entorno. Gómez fue categórica al señalar que estas agresiones no deben minimizarse catalogándolas como simples «momentos incómodos», ya que en realidad responden a conductas de abuso profundamente arraigadas y normalizadas. Subrayó el pavor generalizado que sienten las víctimas al momento de denunciar, asumiendo que enfrentarse a figuras de gran peso mediático podría costarles su carrera profesional o el cierre definitivo de puertas en el medio.

Como respuesta a esta crisis ética, la presentadora lanzó un contundente llamado a la transformación de la cultura corporativa. Su mensaje exigió la consolidación de un periodismo libre de «vacas sagradas», donde el prestigio, el nivel de audiencia o la trayectoria en pantalla jamás sirvan como un escudo de impunidad para los acosadores. Este clamor colectivo busca erradicar los silencios cómplices y garantizar que las nuevas generaciones de practicantes y reporteras puedan ejercer su vocación en entornos seguros, libres de hostilidad y de aproximaciones indebidas.

Finalmente, el paso al frente dado por la comunicadora y otras colegas perfila un verdadero sismo en las estructuras tradicionales de los medios nacionales. Mientras la opinión pública aguarda los resultados de las pesquisas internas y las consecuentes sanciones hacia los implicados, la acumulación de estos crudos relatos devela una crisis sistémica que ya no puede ser ignorada. El periodismo colombiano se encuentra ante la obligación ineludible de depurar sus filas, establecer medidas correctivas ejemplares y forjar un precedente inquebrantable en la protección de la integridad de sus trabajadoras.

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