El «Coloso de la Ciudadela» ha comenzado su proceso de metamorfosis más ambicioso de la última década. Desde las primeras horas de este lunes, el paisaje sonoro habitual del barrio Ciudadela 20 de Julio se ha visto alterado por la maquinaria pesada, marcando el inicio formal de las intervenciones civiles en el estadio Roberto Meléndez. Este proyecto, lejos de ser un simple mantenimiento correctivo, se plantea como una reingeniería integral de los espacios internos del recinto, buscando adaptar la infraestructura de hace casi cuatro décadas a las exigencias del espectáculo deportivo moderno.
El foco principal de esta primera fase de trabajos se centra en dignificar la experiencia del aficionado, un aspecto que trasciende lo meramente estético para convertirse en una cuestión de funcionalidad y confort. Las cuadrillas de obreros han iniciado la demolición controlada de las antiguas zonas sanitarias y de servicios en las tribunas, dando paso a la construcción de módulos higiénicos de última generación y áreas de comidas renovadas. El objetivo es erradicar la obsolescencia de ciertos sectores para ofrecer al espectador un entorno que invite a la permanencia y disfrute más allá de los noventa minutos de juego.

Desde la perspectiva administrativa, esta ejecución de obra representa una apuesta estratégica de la Alcaldía Distrital para blindar el estatus de la ciudad como sede inamovible de los grandes eventos. La inversión, catalogada como histórica por fuentes oficiales, no solo contempla la obra gris, sino la implementación de tecnologías que optimicen la logística y la seguridad. Se trata de una inyección de capital que busca revalorizar el activo inmobiliario deportivo más importante de la región Caribe, asegurando su vida útil para las próximas generaciones.
Un punto crucial de la remodelación aborda la optimización del aforo y la visibilidad. Si bien la nota original menciona la ampliación, este nuevo enfoque técnico prioriza la redistribución inteligente de las localidades para maximizar la capacidad sin sacrificar la comodidad. Se intervendrán los accesos y los pasillos de circulación interna para fluidificar el tránsito de multitudes, eliminando los cuellos de botella históricos y alineando al escenario con los rigurosos protocolos de seguridad exigidos por organismos internacionales como la FIFA y la Conmebol.

El desafío logístico que enfrentan los contratistas es mayúsculo: avanzar en la ejecución del cronograma sin paralizar la actividad deportiva del Junior de Barranquilla ni comprometer las fechas de la Selección Colombia. La planificación establece una metodología de trabajo por cuadrantes, permitiendo que el estadio siga latiendo y recibiendo público de manera parcial mientras sus entrañas son renovadas. Es una carrera contra el tiempo donde la precisión en la entrega de cada etapa será determinante para no afectar el calendario de competencias del 2026.
Finalmente, este inicio de obras simboliza un mensaje de progreso para la capital del Atlántico. Más allá del cemento y las varillas, la renovación del Metropolitano es una declaración de intenciones sobre el posicionamiento de Barranquilla como una ciudad de eventos de talla mundial. Al concluir el proyecto, se espera que el «Roberto Meléndez» no solo sea la casa de la pasión rojiblanca y tricolor, sino un referente arquitectónico y funcional que marque la pauta en la infraestructura deportiva de Sudamérica.













