El zoológico de barranquilla sería trasladado a un lote cercano a la cienaga de mallorquín

Una luz de esperanza se enciende para la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla en medio de su desafiante panorama financiero. Según revelaciones recientes surgidas en el espacio radial de Jorge Cura, se consolida una alternativa viable y ambiciosa para el traslado del emblemático centro de conservación: un predio propiedad del Grupo Argos, estratégicamente ubicado en las inmediaciones de la Ciénaga de Mallorquín. Esta posibilidad emerge no solo como una solución logística, sino como un salvavidas indispensable ante la crisis económica que amenaza la operatividad del recinto en su actual sede del barrio La Concepción.

La propuesta geográfica plantea una reinvención total del concepto del zoológico. El terreno en cuestión se encuentra en la franja de amortiguación entre el desarrollo urbanístico Ciudad Mallorquín y el cuerpo de agua, integrándose al gran ecoparque que hoy es bandera de la biodiverciudad. Este nuevo hábitat permitiría transitar de un modelo de exhibición tradicional a uno de inmersión natural, donde las más de 140 especies podrían disfrutar de espacios más amplios y acordes a sus ecosistemas, alineándose con los estándares internacionales de bienestar animal que la infraestructura actual, con 70 años de antigüedad, ya no puede garantizar plenamente.

Actual zoológico de barranquilla (cortesía)

Sin embargo, la urgencia del traslado responde a una aritmética implacable. Las directivas de la institución han sido enfáticas al señalar que el modelo financiero actual es insostenible a largo plazo sin una renovación estructural. La caída en el flujo de visitantes durante los últimos periodos fiscales (2024 y 2025), sumada al incremento en los costos operativos derivados del alza en el salario mínimo y los insumos, ha forzado un ajuste en las tarifas de ingreso que, aunque necesario, podría desincentivar aún más la afluencia de público. La mudanza se perfila, entonces, como la única estrategia capaz de generar nuevos atractivos y experiencias que revitalicen la taquilla.

A pesar de la voluntad del sector privado, representado por la disposición de Argos para facilitar el predio, el proyecto enfrenta desafíos administrativos que requieren filigrana política. Existe una complejidad jurídica relacionada con los límites territoriales entre el Distrito de Barranquilla y el municipio de Puerto Colombia, dado que el lote se encuentra en una zona de conurbación que ha sido objeto de disputas limítrofes. Destrabar este nudo gordiano requerirá de un acuerdo interadministrativo sólido y de la voluntad política de los mandatarios locales para priorizar la conservación ambiental sobre la burocracia.

Desde una perspectiva urbanística, la reubicación del zoológico en el sector de Mallorquín completaría el circuito turístico de naturaleza más importante del Caribe colombiano. Al articularse con el Ecoparque, el Tren Turístico de Las Flores y la playa de Puerto Mocho, el nuevo santuario de fauna potenciaría el corredor de la Vía 40 y la Circunvalar de la Prosperidad. Expertos coinciden en que esta sinergia no solo beneficiaría a la institución, sino que detonaría una dinámica económica y educativa sin precedentes en la zona norte, consolidando a la región como un destino de turismo científico y ecológico.

El llamado de la directora Farah Ajami y de las voces ciudadanas es perentorio: el tiempo es un recurso que se agota. Mientras los estudios técnicos validan la idoneidad del terreno y el sector empresarial muestra su compromiso, la decisión final reposa en las manos de la gestión pública. La transformación del zoológico en un moderno bioparque no es un capricho estético, sino una necesidad de supervivencia institucional y un deber moral con la fauna que, durante siete décadas, ha sido patrimonio vivo de los barranquilleros.

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