Nuevo contratista ejecutará obras en puntos críticos del aeropuerto Ernesto Cortissoz

La novela de incertidumbre que ha rodeado la operatividad del aeropuerto Ernesto Cortissoz parece haber encontrado un capítulo de resolución inmediata. La Aeronáutica Civil ha oficializado la adjudicación de un nuevo contrato de obra, designando a una firma especializada para tomar las riendas de las reparaciones urgentes que clama la terminal aérea. Este movimiento administrativo busca poner fin al limbo de mantenimiento en el que se encontraba la infraestructura, marcando el inicio de una fase de intervención «quirúrgica» destinada a subsanar las falencias físicas que han deteriorado la imagen del principal puerto de entrada al Caribe colombiano.

El alcance de los trabajos se centrará exclusivamente en lo que los técnicos han denominado «puntos neurálgicos» de la edificación. No se trata de una remodelación estética integral, sino de una operación de rescate funcional prioritaria. El nuevo ejecutor tendrá la misión de atacar frentes específicos donde el desgaste es crítico, tales como las baterías sanitarias, las filtraciones en las cubiertas y los acabados en las zonas de tránsito de pasajeros. El objetivo es detener la degradación progresiva de los espacios y garantizar condiciones mínimas de habitabilidad y servicio que hoy se encuentran comprometidas.

Desde la arista financiera, esta contratación representa un «balsamo presupuestal» inyectado directamente por el Gobierno Nacional. Ante la ausencia de un concesionario privado que asuma estas cargas tras la liquidación del contrato anterior, el Estado ha tenido que asumir el rol de doliente, destinando una partida de recursos significativa para evitar el colapso operativo del aeródromo. Esta inversión de emergencia se perfila como un puente necesario para mantener la viabilidad del aeropuerto mientras se estructura el modelo de negocio definitivo a largo plazo.

Para el ecosistema turístico y empresarial de Barranquilla, la noticia llega como un parte de tranquilidad en medio de la tormenta. Los gremios locales habían elevado múltiples quejas sobre cómo el estado actual de las instalaciones restaba competitividad a la ciudad frente a otros destinos. La llegada de este nuevo contratista se interpreta como una señal de reactivación que busca «lavarle la cara» a la ciudad ante los miles de visitantes que transitan por sus pasillos, intentando que la primera impresión del viajero deje de ser la de una obra inconclusa para pasar a ser la de una infraestructura en recuperación.

El cronograma de ejecución plantea un desafío logístico considerable, pues las obras deberán realizarse «a corazón abierto», es decir, sin interrumpir el flujo constante de vuelos y viajeros. La firma seleccionada deberá desplegar cuadrillas de trabajo en horarios no convencionales y establecer aislamientos rigurosos para mitigar el impacto acústico y visual sobre los usuarios. La premisa es clara: las reparaciones no pueden convertirse en un obstáculo más para la operación, sino que deben convivir con la dinámica diaria de un aeropuerto que no duerme.

Finalmente, aunque esta medida es un paliativo necesario, no clausura el debate sobre el futuro estructural del Ernesto Cortissoz. La entrada de este ejecutor para las obras críticas es vista por los analistas como una solución transitoria, una «curita» indispensable mientras se resuelve el pleito mayor de encontrar un operador idóneo que finalice la modernización total prometida hace años. Por ahora, la expectativa se centra en ver obreros y maquinaria en acción, materializando las mejoras que la ciudadanía ha reclamado con insistencia y paciencia agotada.

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