La carnavalada cerró sus 25 años con 8000 asistentes totales

El telón de la vigésima quinta edición de «La Carnavalada» cayó en medio de una euforia colectiva que reafirma el vigor de las tradiciones del Caribe. Durante tres jornadas de inmersión cultural en la Concha Acústica del Parque Sagrado Corazón, cerca de 8.000 almas se congregaron para celebrar un cuarto de siglo de este festival, consolidado ya como un bastión de convivencia pacífica y acceso democrático al arte. La masiva asistencia validó el modelo de gestión del evento, transformando el espacio público en un escenario vibrante donde la ciudadanía respondió al llamado de la herencia folclórica con una presencia multitudinaria que desbordó las expectativas de los organizadores.

El clímax de esta conmemoración de bodas de plata se vivió en la madrugada del lunes, cuando el recinto se transformó en una gigantesca pista de baile bajo las estrellas. Más de 3.000 espectadores permanecieron hasta las 2:00 a.m., cautivados por una «Rueda de Fandango» que enfrentó amistosamente a dos titanes del departamento de Córdoba: la Banda 19 de Marzo de Laguneta y la Super Banda de Colomboy. Este segmento, lejos de ser una competencia encarnizada, fue descrito por los directores de las agrupaciones como un «intercambio cultural» sublime, donde la música de porro actuó como un lenguaje universal que borró las diferencias generacionales y geográficas, uniendo a locales y visitantes en un solo abrazo rítmico.

Imágen de cortesía

Antes del cierre de vientos y percusión, la tarima sirvió de altar para las sonoridades ancestrales que conectan a Barranquilla con sus raíces indígenas y africanas. Agrupaciones como los Gaiteros de Pueblo Santo y el colectivo de bullerengue Tonada protagonicaron momentos de catarsis colectiva, logrando que el público coreara éxitos como «Mata de Azahar de la India» y «El Golpe de mi Tambó» con los brazos en alto. La presentación incluyó instantes de profunda emotividad, como la intervención de «El Hijo del Búho» y el mensaje de resistencia cultural lanzado por los artistas, quienes dedicaron su actuación a los maestros que luchan por la preservación del medio ambiente y la identidad en los territorios.+3

La franja familiar y teatral del festival también jugó un papel crucial, sembrando la semilla del aprecio artístico en las nuevas generaciones. Desde las primeras horas, obras como «El Oficio del Payaso» y «Yo Quiero Ser» ofrecieron un espacio de interacción donde los niños no fueron meros observadores, sino partícipes activos de la magia escénica. Este componente pedagógico se entrelazó con la majestuosidad de la danza tradicional, destacándose la irrupción del Congo Grande, liderado por el Rey Momo 2026, Adolfo Maury Cabrera; su comparsa, portadora de 150 años de legado, tuvo que abrirse paso entre la multitud en un desfile improvisado que rompió la barrera entre artista y espectador, generando una intimidad respetuosa con la historia viva del Carnaval.+2

Imágen de cortesía

Desde la óptica de sus fundadores, el balance de estos 25 años trasciende las cifras de asistencia para situarse en el terreno de lo simbólico y lo social. Darío Moreu y Mabel Pizarro, pilares del evento, destacaron que La Carnavalada ha dejado de ser un simple festival para convertirse en una comunidad que se regenera anualmente. La ausencia total de incidentes y el comportamiento ejemplar del público durante el cuarto de siglo de historia del evento demuestran que la cultura popular no requiere de barreras ni boletería costosa para ser apreciada, y que la tradición, lejos de envejecer, se transforma y revitaliza cuando se le da el espacio digno que merece.+3

Finalmente, el evento cerró dejando una huella imborrable y la promesa de continuidad para el 2027. Testimonios de asistentes y músicos coincidieron en calificar a La Carnavalada como el «cordón umbilical» del Carnaval de Barranquilla, un espacio vital donde la fiesta se vive desde la esencia y no desde el espectáculo comercial. La imagen de miles de personas, desde niños aprendiendo a tocar tambora hasta adultos mayores bailando hasta el amanecer, confirma que este escenario al aire libre es hoy por hoy un modelo de exportación cultural que el Caribe colombiano ofrece con orgullo al mundo.

Comparte esta noticia