Así sería la propuesta de negocio que el presidente Gustavo Petro llevaría a la Casa Blanca

El presidente Gustavo Petro alista su maleta diplomática para su próxima visita a la Casa Blanca, pero en esta ocasión, el contenido de su portafolio dista mucho de las tradicionales solicitudes de ayuda extranjera. El mandatario colombiano ha revelado que llegará al Despacho Oval con una propuesta de negocios pragmática y directa, diseñada a la medida del perfil empresarial de Donald Trump. La iniciativa busca transformar la relación bilateral, pasando de la cooperación en seguridad a una alianza estratégica comercial basada en la exportación de energías limpias, planteando un giro de 180 grados en la diplomacia entre ambas naciones.

El eje central de este «negocio» radica en la creación de una gran autopista energética que conecte el sur del continente con el norte, utilizando a Panamá como el puente vital de esta integración. La visión del jefe de Estado colombiano contempla la interconexión eléctrica de las redes de Colombia y Venezuela con las de América Central, permitiendo que el superávit de energía eólica y solar que se puede producir en el Caribe y los Andes fluya directamente hacia el mercado estadounidense. Se trata de vender «kilovatios verdes» en lugar de materias primas fósiles, aprovechando el potencial geográfico de la región.

La justificación de mercado para esta oferta se sustenta en la voraz demanda energética que plantea la revolución tecnológica actual. Petro ha identificado que el desarrollo masivo de la Inteligencia Artificial (IA) y los centros de datos en Estados Unidos requerirán cantidades exorbitantes de electricidad, un consumo que la matriz actual estadounidense, aún dependiente del carbono, tendría dificultades para suplir de manera sostenible. Colombia se ofrece entonces como la «batería verde» capaz de alimentar los algoritmos del futuro, posicionando al país como un proveedor indispensable para la economía digital del norte.

Más allá de los balances financieros, la propuesta lleva implícita una solución estructural a los problemas crónicos de la migración y el narcotráfico. El argumento que se presentará a la administración Trump sostiene que, al generar riqueza real y lícita a través de la venta de energía, se desincentiva la producción de cocaína y se ancla a la población en sus territorios de origen. Es un enfoque de «prosperidad por seguridad», donde la rentabilidad del negocio energético sustituye la economía ilegal, atacando las causas raíz del éxodo humano que tanto preocupa a la base electoral republicana.

Para materializar este ambicioso plan, el presidente colombiano pondrá sobre la mesa la necesidad de inversión norteamericana en infraestructura crítica. El «cuello de botella» del Tapón del Darién debe dejar de ser una barrera selvática para convertirse en el corredor por donde transiten los cables de alta tensión. La invitación a Trump es a invertir capital privado estadounidense en esta infraestructura de transmisión, garantizando así un retorno económico para sus empresas y un suministro energético confiable y descarbonizado para su industria.

Finalmente, este planteamiento busca redefinir el lenguaje político entre Bogotá y Washington bajo la premisa de «business is business» (negocios son negocios). Al apelar al instinto transaccional de Donald Trump con la frase «time is money», Petro intenta establecer una relación de pares, alejándose del rol subordinado de receptor de asistencia antinarcóticos. La apuesta es convencer al líder republicano de que el negocio más rentable para los Estados Unidos no es financiar guerras contra las drogas, sino comprar la energía limpia que salvará su propia economía y el clima global.

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