El adagio popular que reza que no existe peor astilla que la del propio madero cobró vida de manera implacable en el césped del estadio Nemesio Camacho El Campín. La escuadra del Junior de Barranquilla sufrió un nuevo revés en la capital al caer derrotada por un marcador de 2-1 frente a Independiente Santa Fe, en un encuentro donde la temida ‘ley del ex’ se erigió como la principal verdugo del conjunto caribeño. Esta caída representa un golpe anímico profundo, confirmando las dificultades históricas y recientes que atraviesa el equipo cuando le toca sortear el reto de la altura bogotana ante un rival que le tiene tomada la medida.
El desenlace fatal para los intereses rojiblancos fue gestado precisamente por hombres que en el pasado defendieron sus colores. Víctor Moreno e Iván Scarpetta, antiguos integrantes del plantel ‘tiburón’, se transformaron en los artífices de la victoria cardenal al vulnerar la red de su antigua casa. Esta situación no solo subraya la paradoja del balompié, donde los talentos que parten a menudo regresan para cobrar revancha deportiva, sino que también desnudó las falencias defensivas de la zaga visitante al no poder contener el ímpetu y la motivación extra con la que estos jugadores pisaron el área rival durante el trámite del compromiso.
La ilusión barranquillera, no obstante, tuvo un momento de esplendor durante la primera mitad del cotejo. Una acción ofensiva de media distancia iniciada por Yeison Suárez derivó en un rebote concedido por el guardameta Andrés Mosquera Marmolejo. En la disputa por la pelota dividida, Cristian Barrios fue derribado aparatosamente por la rodilla del arquero, obligando a sancionar la pena máxima. La responsabilidad recayó en los botines del experimentado Luis Fernando Muriel, quien ejecutó un cobro impecable hacia el poste derecho a los 29 minutos, decretando el empate transitorio y devolviendo la esperanza a su afición.

Sin embargo, el desarrollo táctico del partido evidenció una preocupante involución en el funcionamiento colectivo del equipo. A medida que el reloj consumía los minutos finales, la plantilla costeña fue perdiendo brújula y claridad en la zona de gestación. Las sombras de la reciente final de la Superliga, donde Santa Fe los apabulló en este mismo escenario, parecieron nublar la toma de decisiones de los mediocampistas barranquilleros, quienes terminaron cayendo en el juego físico propuesto por los dueños de casa, sin encontrar las vías para perforar el cerrojo defensivo local por segunda ocasión.
La estadística que deja este enfrentamiento es un motivo de alerta roja para el cuerpo técnico del Junior. Con esta derrota, ya son tres los compromisos disputados en lo que va del año 2026 en los que la escuadra atlanticense ha sido incapaz de sumar una victoria frente al ‘León’ capitalino. Este dominio marcado por parte de Santa Fe no solo consolida al cuadro albirrojo como una auténtica bestia negra para los barranquilleros en la actual temporada, sino que plantea interrogantes serios sobre la capacidad del plantel para adaptar su estrategia frente a equipos de alta exigencia táctica en condición de visitante.
Tras este amargo traspié, el calendario no otorga tiempo para lamentos prolongados y exige una rápida recomposición del tablero estratégico. La mirada del equipo currambero debe fijarse de inmediato en su próximo desafío liguero, el cual los llevará a medirse contra Jaguares de Córdoba. Este duelo, programado para el venidero sábado a las 6:20 de la tarde, se presenta como una oportunidad obligada de redención; una victoria será imperativa para calmar las aguas, recuperar la confianza del vestuario y demostrar que el plantel tiene la resiliencia necesaria para sobreponerse a los fantasmas que lo acosan cada vez que abandona la humedad del Caribe.











