El estadio Nemesio Camacho ‘El Campín’ se convirtió este miércoles en el epicentro de un carnaval escarlata, donde Independiente Santa Fe ratificó su jerarquía local al coronarse como el primer monarca del fútbol profesional colombiano en este 2026. En una definición vibrante que puso a prueba los corazones de más de 30.000 espectadores, el ‘Expreso Rojo’ impuso sus condiciones ante un Junior de Barranquilla que, pese a la lucha, no logró contrarrestar el ímpetu de los anfitriones. La Superliga se queda en las vitrinas capitalinas, marcando un inicio de temporada soñado para la parcialidad cardenal que celebró a rabiar la obtención de este nuevo galardón.
Desde el pitazo inicial, la narrativa del encuentro estuvo dictada por la intensidad física propuesta por el cuadro bogotano. Lejos de especular con el resultado global, los dirigidos por el estratega santafereño asfixiaron la salida del conjunto ‘Tiburón’, obligándolos a replegarse en su propio terreno. La estrategia de presión alta surtió efecto, desconectando el circuito creativo de los barranquilleros y convirtiendo el medio campo en una zona de tránsito exclusivo para los locales, quienes inclinaron la cancha a su favor con un dominio territorial abrumador durante la primera mitad.
Por su parte, la escuadra rojiblanca intentó plantear un partido inteligente, buscando administrar el oxígeno y aprovechar los espacios al contragolpe, pero la altura de la capital y el desgaste del calendario pasaron factura. La defensa visitante, que había resistido los embates iniciales con heroísmo, terminó cediendo ante la persistencia del ataque cardenal. La falta de profundidad ofensiva del Junior fue evidente; sus atacantes quedaron aislados, náufragos en una marea roja que les impidió generar peligro real sobre el arco sur del coloso de la 57.
El punto de inflexión llegó gracias a la contundencia en la definición, un aspecto que había sido esquivo en tramos anteriores. Santa Fe encontró la llave del gol no por casualidad, sino como consecuencia de la maduración de las jugadas y la paciencia para encontrar la grieta en el muro defensivo rival. Cuando el balón finalmente besó la red, el estallido de júbilo en las gradas funcionó como un golpe anímico del cual los costeños no pudieron recuperarse, viendo cómo se les escapaba la posibilidad de sumar una nueva estrella a su palmarés en esta instancia decisiva.

Este título tiene un sabor especial para la institución bogotana, pues reafirma la solidez de un proyecto deportivo que ha sabido reinventarse. Más allá de las individualidades, la victoria se cimentó en el funcionamiento colectivo y en la fortaleza mental para afrontar una final ante una nómina tan competitiva como la del Junior. Los ‘Leones’ demostraron que El Campín sigue siendo un fortín inexpugnable en las noches de gala, enviando un mensaje de autoridad al resto de los competidores de la Liga BetPlay que apenas comienza.
Finalmente, mientras la pirotecnia iluminaba el cielo bogotano y el capitán levantaba el trofeo de la Superliga, el contraste era evidente en el rostro de los jugadores barranquilleros, quienes debieron conformarse con el subcampeonato. Para Santa Fe, esta victoria no es el punto de llegada, sino el combustible anímico para un 2026 exigente; para Junior, queda la tarea de pasar la página rápidamente y corregir el rumbo, pues el fútbol da revanchas cada fin de semana y la temporada es larga.













